
Este martes, la sede de la Unión Industrial Argentina (UIA) fue el epicentro de un reclamo federal encabezado por los referentes del sector del Norte Grande (NOA y NEA), quienes manifestaron su profunda preocupación por el impacto de la transición económica en las provincias. En una reunión con el Comité Ejecutivo de la entidad, los industriales advirtieron que el proceso de adaptación al nuevo esquema de gobierno “no es homogéneo ni inmediato” y que muchas empresas, especialmente las pymes, atraviesan una “situación crítica, con bajo nivel de actividad, alta presión fiscal, dificultades para financiarse y caída del empleo”. El encuentro sirvió para visibilizar la realidad de una región que alberga a la cuarta parte de la población argentina y que hoy exhibe “el peor poder adquisitivo del país”, donde la falta de inversión privada se traduce en un elevado empleo público.
La representación de UNINOR en el encuentro fue de alto nivel institucional, contando con la presencia de líderes de todas las provincias del bloque: por Tucumán asistieron su presidente, Jorge Rocchia Ferro, y la vicepresidenta Florencia Andriani; desde Santiago del Estero estuvo José María Cantos (presidente); por Jujuy concurrió Federico Gatti (presidente); por Chaco, Aldo Kaston (presidente); por Formosa, Silvio Lezcano (vicepresidente); por Salta, Eduardo Gomez Naar (presidente); por La Rioja, Juan Carlos Serrano (presidente) y Bogos (vicepresidente); por Corrientes, Juan Manzolillo (presidente); y por Catamarca, Luis Tendlar.
Esta cumbre industrial se produjo apenas 48 horas después de que el presidente Javier Milei, en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, lanzara una feroz embestida contra el sector. El mandatario calificó el modelo de las últimas décadas como una “trampa del fetiche industrialista” y acusó a los empresarios de ser “prebendarios” y “cazadores del zoológico”. Milei llegó a sostener que detrás de la defensa de la industria nacional se esconde un “mecanismo de robo sistemático” impulsado por personas “siniestras” y “cómplices de la corrupción”.
Punto de partida
Frente a esta virulencia discursiva, el documento emitido por la UIA tras la reunión asoció el éxito de las reformas con la necesidad de un trato institucional adecuado. “En esta etapa de transformación, queremos ser claros: el respeto es condición básica del desarrollo. Respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país”, sentenciaron los industriales en una réplica directa a los insultos presidenciales. La entidad remarcó que “el empresario argentino no diseñó el marco económico previo ni es responsable de las distorsiones estructurales acumuladas durante décadas”, posicionando el respeto como el “punto de partida para reconstruir la confianza que la Argentina necesita”.
Pese a la tensión, la UIA reconoció los avances oficiales en “materia de equilibrio fiscal”, la baja de la inflación y la actualización laboral. Sin embargo, recordaron el peso estratégico del sector: la industria aporta el 27% de la recaudación fiscal nacional y genera, de forma directa e indirecta, el sustento de más de 3,6 millones de trabajadores. El documento concluyó con una defensa de la identidad fabril frente al estigma oficial, afirmando que “detrás de cada fábrica se encuentra un capital social construido por empresarios y trabajadores” y ratificando que “la industria es parte de la solución” para construir una economía moderna e integrada al mundo.
En representación de la UIA, asistieron su titular Martín Rappallini, David Uriburu, Rodrigo Perez Graziano, Modesto Magadán, Guillermo Moretti, Luis Tendlarz, Isaías Drajer, Daniel Urcía, Eduardo Nougues, Silvio Zurzolo, Gonzalo Fagioli y Roberto Arano.